Entre besos y fustas.

Fundemos en la rabia los amores perros…

Tengo como arma mis verbos asesinos,
Tengo un escudo de inseguridades…
Que me esconde y protege de tus balas, aceros incandescentes.
Tengo dos piernas, que lejos de ser esbeltas coordinan fácilmente tus pasos.
Poseo un par de ojos que perciben anticipadamente tus acciones,
Dos manos artesanas… que saben escoger tus partes dóciles.
Una boca que pierde por equivalencia ante la proximidad de la tuya.
Cuento con un cuello (territorio vulnerable),
posee partes derrumbadas con el nombre de tu expedición.

Tengo un ejercito completo, para decirte que no.
Y ninguna razón para alzar bandera blanca…

Y sin embargo esta es la quinta contienda que pierdo sobre tu cama.

1 comentario:

Matías Fornés dijo...

¿La orden de invadir?
Ya no importa quién la dé.

¿El momento?
La distracción.

¿Y de que vale la lucha, entonces?
Para ser invadido.