Siempre esperando de ese empuje que nos lleve y desate.
Siempre queriendo que exista una soga y  nos salve.
Siempre desventajados.
Siempre acá sentados.
Repudio y callo.
Me caigo y no me levanto,
me levante y quiero volver.
No soporto esta gente.
No me gusta la versión de mi con esta gente.
Me quiero ir.
No quiero esperar mas.
Igual espero,
infeliz.

De las palabras que no me gustan.






¿Con qué me cubriré ahora? Si esta sábana que pongo sobre mi no funciona… ¿De qué me cubriré? Si los espejos no protegen, y los sentimientos duelen siempre, tarde o temprano. Siempre. ¿Con qué me cubriré? si esta tela frágil ya esta herida por vos.

Vos ahí sentado y cómodo, me ves desangrar pero no te acongojas. Vos con el puñal escondido detrás de tu espalda, sonríes sin disimular hasta que alguien te señala y ante el miedo de no ser moral disfrazas tu indiferencia con una sola palabra. Y es ahí cuando te preparas para el acto protocolar y por todos los medios me la queres susurrar.

Como si por el hecho de decirla se borraran las lágrimas y se evaporara la sangre. Como si por el hecho de pronunciar y yo escuchar, se lavaran las culpas.

Ahí estas de nuevo , vos igual que recién siéndote mejor persona por cumplir  , y yo con el historial completo de heridas emparchadas por los arrepentimientos.



No hay palabra más egoísta que el perdón.





No hay palabra más hipócrita que perdonar.

.-.

Subir cuesta arriba descalzo

sobre un asfalto de vidrio,

es así que se siente

intentar tu perdón.



Arrodillarse y pararse

trescientos sesenta días incontables,

sucesivamente e indeseables.



Como tener la boca seca,

y la lengua perpleja,

de tanto implorarte

que des de beber

a mi sed inconstante.



Secarse las lágrimas con fuego,

y tener de disparo cada latido,

históricos y confundidos.



Llorarte con ácido

y sentirte en la piel:

perforar y enloquecer.



Como si la fe me esquivara,

y la parca me encontrara.

Como si yo buscara pero no me animara.



Y si la suerte me acompañara…

tal ves mañana pueda,

Correr hasta tu casa.

Cantar una canción.

Y decirte que te amo.

Sentir miento.

Un sentimiento que se enreda , se duerme y se amontona.
Un sentimiento que se escurre entre los dedos , se mezcla y escapa.
Se disfraza.

De vez en vez , se cuelga de alguna palabra
para no acribillarse en una mentira pasada.

Un sentimiento totalmente transformado,
diferente que nos hace indiferentes.
Un sentir inexperto y cobarde.
Diferente.

Que perturba en el interior ,
y nos invita sentirnos inferior.
Diferente.

Tanto, que no sabemos como afrontarlo.
Tanto ,que el miedo invadió al cambio.
Diferente.

Un sentimiento que nos obliga a fingir todo el tiempo,
para ayudar a mentirnos y mantenernos en contacto.
Para demostrales pero no demostranos,
que yo siento , ¿y vos sentís? ...
sin diferencias.
y que yo siento,

y que yo siento ...

Un kilo de pan.

¡No es nada!Se levantó rápido mientras sacudía su pantalón empolvado. Miró el agujerito que dejaba vislumbrar un raspadura en su rodilla izquierda.
¡cómo ardía! ,pero apretó el ceño y solo lograron salir tres lágrimas.La mayoría de los niños ante un hecho similar chillan y piden por su madres (que no tardarían ni medio segundo en socorrerlos).Pero Leandro no era igual ,no solía llorar y eso era algo soprendente considerando que solo tiene seis años.
Luego del tropezón ,siguió caminando. Saludó a su vecina de enfrente que regaba la vereda . Leandro estaba yendo al kiosco para comprar un kilo de pan , quedaba a pocas casas de la suya, pero ir al kiosco significaba salir a la ciudad , a ese mundo que veía por la ventana o por televisión. Esa poca distancia eran kilómetros de novedad. Que su madre lo mandara a comprar significaba que había crecido, era grande y podia llevar plata, salir a la calle y comprarle a la señora rara del kiosco.

:- Dice mi mama que me de un kilo de pan.

Con los veinte centavos que le sobraron ,compró dos caramelos que los comió atoradamente mientras volvía con una sonrisa de oreja a oreja a su casa.

Se prendió al timbre y su madre tardó en abrir la puerta. Justo antes de entrar tropezó con un escalón y nuevamente su rodilla se raspó. El dolor era más intenso que hace un rato , pero ahora Leandro estaba enfrente de su madre, levantó los ojos aguantando como esperando que ella le diera el consuelo y asi , el anciado permiso de llorar.

Ella:- ¡Levantate no vayas a llorar!,...ya estas grande para esas cosas.

Se paró y sacudió sus rodillas. Se tragó el llanto tan desesperadamente como esos dos caramelos.

Ella :- y el vuelto?

El :- No me sobro...

Leandro ya estaba aprendiendo a ser grande.